Cada persona desde su individualidad está en su derecho de creer y pensar como crea y quiera, en otras palabras, cada individuo tiene sus preferencias. Estas creencias, pensamientos o preferencias, en un entorno democrático, donde se garantizan las libertades del individuo, pueden y deben ser expresado libremente, esto como mecanismo de autogeneración, autosaneamiento y autoreforzamiento.
En tal virtud hay percepciones individuales sobre la realidad, y dichas percepciones en términos muy generales pueden coincidir o no, con las percepciones de otros individuos.
Ahora incorporando el papel de la política, las cosas cambian, la política empieza a jugar un papel protagónico el momento en que se empieza a representar las creencias o preferencias de las personas, tratando de agrupar elementos comunes. Al hacer esta afirmación podemos decir que van a existir dos o más grupos con creencias o preferencias comunes distintas, y cada uno de estos grupos tiene sus representantes.
En el caso ecuatoriano puntual, tenemos la gestión del Gobierno de Rafael Correa, cada persona tendrá su percepción sobre este tema, y en base a cada parcepción habrá una valoración de dicha gestión. Hasta aqui es la parte teórica del asunto. Ahora si, teniendo claras las notas anteriores, vamos a proceder a analizar la realidad política del país.
Rafael Correa, en su gobierno, ha presentado una política que agrupa convicciones políticas comunes, contrarias claramente a las convicciones políticas de Jaime Nebot. Ambos personajes representan a varias comunidades de personas pero sobre todo representan ideologías distintas para hacer las cosas.
En tal virtud, el Presidente como el Alcalde, van a tener representados, a quienes motivan con justificaciones muy generales, como son el año de la revolución ciudadana, o la queja de Guayaquil al Gobierno Central por sus dedicatorias, argumentos con los cuales motivan a la gente representada a salir a las calles.
Entonces es obvio que con gente motivada ambas marchas iban a tener gente, lo triste y lamentable es que no se dicen las cosas puntuales e ideológicas de frente.
Guayaquil fue testigo de dos marchas, muestra de la representación, y muestra de que en democracia siempre habrá una oposición, pero en nuestro país a la oposición le hace falta madurar democráticamente, ello quiere decir que hace falta que la oposición sea respetuosa, tolerante, crítica y responsable.
Una oposición debe ser motivada por la ideología mas no por intereses, y es más lamentable que la motivación principal sea de interés sectorial y económico, lo cual muestra una insensibilidad de mucha gente a los problemas de los más desfavorecidos.
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